Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Hace cuatro años llegó el
momento tan esperado por mí y mi familia. Mi anhelado cumpleaños número quince.
Recuerdo los ensayos de cada fin de semana con mis chambelanes
y esa ilusión que sentía por mi fiesta. Y lo que más me causaba conmoción era mi vestido.
El día que lo fui a
comprar, no olvidare el asombro que
tuve al ver tantos vestidos de quince años por los pasillos que iba caminando. Habían
de muchos colores y modelos.
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Pero entre ellos destaco uno. Era de dos piezas
con muchos brillitos y de color rosa. Pareciera que hubo un hechizo entre nosotros, por que termine encantada con ese vestido.
Le pedí
a la señorita que si me lo podía probar y ella dijo que sí. Sin pensarlo dos veces. Subí con ella, me quite la ropa que llevaba. Me
lo probé y me quedo a la perfección. Ya no quise seguir viendo más vestidos.
Le dije a mi
tía, ¡Si me lo llevo!, lo pagó, y muy feliz regrese a casa.
A solo un día de mi fiesta. Con un poco de nervios, me fui
a dormir desde muy temprano, pero no podía conciliar el sueño por tanta emoción que albergaba en mi cuerpo.
Al amanecer lo primero que hice fue pararme e irme a bañar. Ya que tenía la inquietud de que se fuera hacer tarde. Eran las ocho de la mañana, ya había llegado
la señorita que me peinaría. Inicio con unos cuantos tirones de cabello, que al
final valieron la pena por el peinado que me hizo.
Llegamos a la iglesia y él padre dio su sermón. Terminando la
misa nos fuimos al salón. Cuando llegue todos mis invitados estaban ahí, recibiéndonos
a mis chambelanes y a mí con aplausos.
Posteriormente nos dieron de comer. Reposamos la comida. Y antes de
bailar el vals, me cambie los zapatos de tacón por unos de piso, ya que podía enterrárselos
a mis chambelanes con las cargadas.
Pero no conté con que mi vestido quedaría arrastrando.
A la mitad del vals pise el tul que estaba adentro del vestido, lo desgarre y
me derrape un poco, a punto de casi caerme. Pero no fue así y continúe bailando.
Al terminar uno de mis chambelanes con sus manos trozo el pedazo de tul, quedando
como si nada mi vestido.
Y así pude seguir disfrutando de mi fiesta al máximo.
Ese día
será inolvidable para mí.
