Cuando fui seleccionada en la UAM, no lo podía creer. Lloré
un buen rato de felicidad.
El primer día de clases. Fue un mundo nuevo y diferente a lo
que conocía. Yo estaba acostumbrada en la preparatoria a llevar uniforme,
colorear mapitas, hacer manualidades con papel, usar resistol y tijeritas con
figura en el corte. Y aquí no.
Desde el primer día los
profesores nos dejaron tarea. No hubo pérdida de tiempo en presentaciones
aburridas. Esto me gustó mucho.
Transcurría la primera semana y la escuela me sorprendía
cada vez más. No podía creer que el desayuno costara en total $4.50. Tampoco,
que en las copias te cobraran 3 centavos por cada una. La biblioteca era
enorme. En las actividades culturales había danza y teatro. Lo que siempre me
ha gustado. Era perfecto todo. Pero a pesar de estos lujos, no estaba
satisfecha con lo que tenía.
Siempre he querido ser profesora de primaria. Aunque la
carrera de Economía es muy bonita, no es lo que en realidad quiero desempeñar.
Esto me hacía sentir culpable. Tal vez, porque estaba ocupando el lugar de otra
persona, que en verdad quisiera esta carrera. Pero me justificaba por lo que había vivido el año pasado.
Estoy segura, que más de uno experimentamos la frustración de no quedarnos en la
Universidad. En mi caso solo hice trámite para hacer examen en la Nacional de
Maestros y el Politécnico. Mi mala suerte me hizo elegir solo una escuela. Pues se me juntaron mis dos opciones el mismo
día de la aplicación del examen.
Tomé la opción más conveniente “según yo” el Politécnico. En
ninguna de las dos vueltas me quedé. El mundo se me vino encima. Me daba gusto,
pero al mismo tiempo me afligía al ver que algunos de mis compañeros sí se habían
quedado en alguna escuela. Me sentía una mediocre.
Con el tiempo superé esa etapa. Aproveché el tiempo
“perdido” en un curso de inglés que no terminé, por los horarios que ahora tengo
en la escuela. Esperé aproximadamente medio año para hacer el examen. Lo hice para
todas las Universidades que pude. Esta vez no se me junto ningún examen. Y ahora solo es cuestión de esperar los
resultados de la Normal que me los den este viernes 5 de julio.
En caso de que sea
aceptada, quiero agradecerles a ustedes compañeros. Aunque se me ha hecho
pesado el camino. Me han robado algunas sonrisas y momentos muy gratos. Gracias
a ellos he sobrevivido hasta el día de hoy.
Me he rodeado con algunos que me llevan unos cuantos años de
más. Al principio me costó mucho trabajo adaptarme. Supongo que fue porque han
tenido más experiencias y ven la vida de otra manera. Pero esto no fue un
obstáculo para convivir con ellos.Aprendí que no debo de confiar en todos. Y que no todos me apoyan. Conocí personas doble cara, pero también conocí a verdaderas amistades. También supe manejar la cara de fuchi que algunos me pusieron.
Mi vida dio un giro de 360 grados desde que entre aquí. Ya
no pudé convivir el mismo tiempo con mi familia. Ya no jugaba con mis cuatro
cachorros. Cambió mi horario de ir a dormir y hasta mi alimentación. He
sacrificado muchas cosas, pero al final ha valido la pena. He madurado un poco ,
ya que valoro aún más el sacrificio que hace mi mamá por apoyarme en la
escuela. Y por no tomarme la vida, tan a la ligera. Aprovechar mis recursos al
máximo. Y si llegó a cumplir mi sueño de ingresar a la Normal sé que estaré muy
feliz. Agradecida con Dios, con mi familia, con ustedes, con los profesores y
por supuesto con la UAM. Por abrirme sus
puertas y darme la oportunidad de vivir esto.
Y en caso de que no ser admitida
me tendrán que aguantar un rato más. Pero cualquier resultado que este sea.
Quiero darles las gracias por todo.
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