Hace seis años conocí al chavo más lindo del mundo. Su
nombre es Octavio, pero yo le digo Mono.
Octavio y yo nos empezamos
a tratar poco a poco, ya que él era muy tímido. Todos los recesos comíamos con la bolita junto a un barandal blanco, que estaba enfrente de mi
salón.
Llegó la clausura de los terceros y no pude asistir. Sabía
que a mis amigos ya no los volvería a ver, "según yo". Estaba triste más por la
amistad que creció entre él y yo. Pasaron las vacaciones y se me olvidó.
Cuándo iba en tercer año estuve muy feliz ya que serían mis
quince años y haría el examen a la prepa. Transcurría el mes de diciembre del 2009. Tocaron
la puerta de mi casa, eran dos chicos que preguntaron por mí. Salí, ví que era Guayabo me dio gusto verlo, pero
más gusto me dio de ver a Octavio. Ese día intercambiamos correos.
Tuvimos
comunicación durante dos años. En ese tiempo yo tuve un novio, el cuál no fue muy lindo conmigo y
me engañó. Lloré durante algún tiempo, pero siempre estuvo ahí mi amigo haciéndome reír.
Le pregunté a mi abue que Santo era, ella dijo se llamaba San Antonio y era de los enamorados. Inmediato pensé en las mujeres que lo ponían de cabeza y reí. Me dijo por qué no le pides un novio, para que olvides al chango ese que te ha hecho llorar.
Yo me quedé pensando, pero supusé que no era cierto eso, pero que tal si sí. Le termine metiendo tres moneditas, le pedí un novio que no fuera guapo, pero que me quisiera, me respetará y me valorará.
Pasaron dos semanas aproximadamente, dónde no sé como fue, pero por el Messenger Octavio
me dijo que si quería ser su novia, yo lo tomé de loco, pues era solo mi amigo.
Yo ni me acordaba del Santo de aquella ocasión. Además se me hacía algo raro, porque él había terminado con su novia con la que llevaba un mes o
algo así. No le dí importancia. Pues habían llegado mis maravillosas y merecidas vacaciones de cambio de semestre.
Mi mamá y yo decidimos ir a Puebla, eso fue un 17 de enero de 2011 y él fue a
despedirme. Mi mamá permanecía en el automóvil y él me pidió unos minutos. Me acerqué a él, y me
repitio que si quería ser su novia. Yo respondí como a la antigüita, diciéndole que lo pensaría una
semana. Puso cara de eso es mucho tiempo, pero me dijo que esta bien.
Pasó esa semana,
regresé de vacaciones y nos reencontramos. Me hizó la misma pregunta y le dije
que no, sus ojos se pusieron rojos, pues quería llorar. Y yo le sonreí y le
dije no, no quiero dejarte ir. Me sonrio y nos abrazamos fuertemente. Me llevó a conocer a sus papás, tenía muchos nervios.
Y pues
desde ahí es mi Mono, con el cuál llevo dos años cuatro meses. Él es tal y como lo pedí. Desde ahí creo en los milagros.
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